La fuerza-trabajo en Italia
La distribuciòn de la fuerza de trabajo en Italia es la tìpica de los paìses econòmicamente màs desarrollados que han sufrido pesados procesos de delocalizaciòn productiva: en 2009 resultaban 23.203 empleados (màs o menos 60% hombres y 40% mujeres), asì distribuidos, màs de 66% en los servicios, casi 30% en la industria y casi 4% en la agricultura. El porcentaje de trabajo autònomo es casi 25%. En 2010 el paro oficial ha llegado a 9,1%. El real, seguramente ha sobrepasado ampliamente el 10%, porque muchos han dejado de buscar un trabajo, y de hecho ya no se inscriben en la oficinas de empleo. Entre los empleados, los que tienen una condiciòn laboral precaria (trabajo de tiempo determinado y contratos de colaboraciòn) son casi cuatro miliones, de esos casi 25% busca trabajo. Los trabajadores extranjeros (comunitarios o extracomunitarios, claro solamente los con permiso de residencia regular) son, en 2010, casi 3.500.000.
El trabajo precario
Desde esta enjambre de datos, no simple de interpretar, queda claro que el papel tradicional del “trabajador italiano garantizado” – es decir el empleado a tiempo indeterminado, dependiente de medias o grandes empresas privadas o pùblicas - ya no es por cierto el màs difundida, aunque permanezca mayoritaria, mientras el peso del trabajo precario ha crecido mucho. Esta situaciòn ha sido causada y apeorada por obra de la acciòn junta de los gobiernos (la primera ley sobre la precariedad es la 196 de 1997, llamada paquete Treu, y la que ha difundido enormemente la precariedad es la ley 30 de 2003, la llamada ley Biagi) y de los padrones, firmes en la defensa de sus provechos a travès de cortes al trabajo dependiente, pero tambièn a travès acordes con lo sindicados institucionales (por ejemplo el acorde de julio de 1993)
Hoy amplias partes de la poblaciòn tienen una relaciòn fràgil y ocasional con el trabajo. Esto plantea problemas, sea con relaciòn a su fuerza contractual, sea con relaciòn a su capacidad de organizarse, teniendo en cuenta su dispersiòn en el territorio. Para los sindicados del Estado (Cgil, Cisl e Uil) el trabajador precario es poco interesante por que non garantiza rentas fijas a travès de las cuotas sindicale de los sueldos. Al precario le consideran un trabajador de segunda categorìa, y lo mismo ocurre por los trabajadores inmigrantes, que a menudo son objetos de actividades de caracter asistencial. Lo mismo ocurre, desgraciadamente, en algunos sindicados de base.
Perspectivas y planes de lucha
Nuestra pregunta, por lo tanto, es: ?còmo puede un sindicado libertario y autogestionado contribuir a la organizaciòn y a las luchas de los trabajadores precarios en una perspectiva anarcosindicalista de clase?
Nuestra respuesta: no puede ocurrir sino a travès de una batalla en tres frentes.
El primero es el cultural, el segundo es el de las concretas luchas sindicales en los puestos de trabajo, el tercero es el de las pràcticas realizaciones de autogestiòn.
Por batalla cultural se entiende una campaña para la recuperaciòn de la solidaridad y la uniòn de clase. Fuera de estas coordenadas, cada lucha no es sino sectorial, corporativa y por eso mismo dèbil y destinada al fracaso. El reconocimiento de la autonomìa y de la alteridad de los proletarios frente al actual sistema socio-econòmico es el primer paso adelante, asì como lo es la inconciliabilidad de sus intereses con los del capital. La solidaridad y la lucha de clase no deben encerrarse en los confines nacionales, sino que deben relanzar al internacionalismo de los trabajadores y de clase.
Por lucha sindical concreta se entiende una lucha que comience en los puestos de trabajo, en las situaciones de explotaciòn real sufridas por los trabajadores, y que unifique las reivindicaciones bajo cualquier régimen contractual (tiempo indeterminado, tiempo determinado, contratos a plazo, contratos atìpicos, trabajadores interinales, etc.), segùn el principio “mismo trabajo, mismo sueldo, mismo horario, misma condiciones laborales”.
Tan solo entrelazando entre sì en el terruno de las luchas reales el precariado con el trabajo “garantizado” se anula el riesgo de marginalizarlo y de hacerlo subordinado, antes que a un nivel tècnico, ya en èl de las conciencias de los trabajadores y en nuestras propias cabezas. Ademàs, hoy en dìa ocurre que se reproducen mecanismos de poder jeràrquico a escala reducida entre trabajadores a tiempo indeterminado hacia trabajadores precarios. Esto, ademàs de ser enemigo de la unidad de clase, replica y funde la interiorizaciòn de la jerarquìa explotadora. Esto representa un obstàculo, pero es una batalla, también de tipo cultural, que no se puede evitar ni ignorar.
El proyecto autogestionario
Por concretas realizaciones autogestionarias se entiende la recomposición del tejido social segùn principios de solidaridad, que es lo màs original y especìfico de nuestro concepto de sindicado. Pues se necesita la creaciòn inmediata de un circuito econòmico y cultural alternativo a las lògicas del capital, que sea capaz de substituir mano a mano, en la vida economica y social, la idea de solidaridad a la del provecho, el mutualismo a la competencia del mercado. Un lugar de encuentro, de propaganda a través de hechos, màs que a travès de palabras, de los princìpios libertarios y que, al mismo tiempo, garantice la posibilidad de vivir y no sòlo sobrevivir, produciendo una renta, no estafada con la explotaciòn, sino libremente producida a travès de la cooperaciòn solidal.
A las nuevas categorias de trabajadores, como los precarios y los parcelizados, a los inmigrados y a los desempleados es preciso proveerlos con una alternativa de trabajo creìble, que sea una oportunidad de rescate de su propia existencia, consabida o menos, de explotados.
La alternativa tiene que construirse a partir de la creaciòn de realidades autogestionadas de producciòn, distribuciòn y de servicios que funcionen, y acercàndo a esas realidades las tipologìas de trabajadores que estèn màs dispuestos a dejar su propia condiciòn de explotados; esto darìa màs fuerza y dignidad a quién, de otra manera, permanecerìa en condiciones de ser chantajeados por parte de los padrones, y ademàs serìa una buena respuesta al paro y una mano hermana tendida hacia la inmigraciòn, que, como ya ocurriò en el pasado, podrìa abrir horizontes màs allà de los confines nacionales, hacia otros paìses donde el mutualismo solucionarìa a las mayorìa de los problemas.
La autogestiòn no es una teoria filosòfica, sino algo que se construye personalmente, concretamente enfrentàndose a la realidad, experimentando dìa tras dìa las hipòtesis de trabajo, hasta llegar a abrir un camino real que crezca y se afirme por su validez intrinseca. El choque, seguro que serà inevitable, por que habrà una oposiciòn a las realizaciones autogestionarias, que sufriràn un ataque apuntado a la anulaciòn de los resultados. Serà preciso llegar a enfrentar ese ataque oponiendo la concreta realizaciòn de proyectos reales, y no sòlo de palabras vacìas. La autogestiòn combate la opresiòn concretamente a travès de la Emancipaciòn y no de la violencia de los politicastros, que en la historia siempre ha engendrado una nueva opresiòn, sino a travès de un lenguaje de Libertad, y cuando sea necesario, defendiendo lo que hubieramos construido, con fuerza y màxima firmeza: lo que Proudhon llamò “Revoluciòn de Capacidades”. La acciòn directa no es un ataque frontal al poder, sino la participaciòn directa a la construcciòn del proceso de Emancipaciòn.
Una red solidaria, cooperativa y mutualista
Pero, ?como se puede, concretamente, comenzar a construir una red de solidaridad? En Italia no hay empresas autogestionadas, donde los padrones, despues de la quiebra, hayan sido substituidos por los trabajadores, como en la Zanon argentina. La cultura sindical italiana tradicional prevee que haya un padron con el que contratar y no que haya trabajadores que manejan, organizan y producen personalmente. El mismo circuito de las cooperativas, muy amplio desde un punto de vista formal, està hecho de realidades de producciòn y consumo (pequenas, nedias o hasta muy grandes) que han llegado a la forma cooperativa para las ventajas de nuestra legislaciòn, pero que de hecho permanecen empresas privadas en las que los ùtiles se trocan en el provecho personal de unos pocos. Es tìpica la condicion de socio-trabajador, formalmente tiene derecho a parte de las ganancias de la empresa, pero en realidad participa tan sòlo a las perdidas y tiene menos derechos de los de un trabajador cualquiera en una empresa privada. Nisiquiera la pràctica, muy difundida, de los grupos de compras solidales (compras colectivas contactando directamente a los productores) consigue salir de las lògicas del mercado y comerciales, ni de la instituzionalizaciòn.
Lo que queda hacer es colegar entre sì todas las pequenas realidades autogestionarias, de producciòn y de consumo, que ya existen y que puedan fallecer, a causa de su dispersiòn, ante las lògicas del mercado y los costes de la distribuciòn. El segundo paso es el de activar nuevas realidades de este tipo, o fomentar otras nuevas, segùn formas de solidaridad muy simples (instrumentos bàsicos para reducir la distancia entre productor y consumidor, apoyar a las producciones locales que tengan cuidado a la calidad y al trabajo empleado), para llegar a las màs complejas: cooperativas libertarias de producciòn o de servicios, ambulatorios populares, bibliotecas populares, cajas de solidaridad, ecc. Pues crear realidades autogestionales que den una renta a quien trabaja (y no provecho) y beneficios para los proletarios y colegarlas entre sì en una red de eficiencia y capacidad paralelas, pero antagonista a las lògicas del mercado y de la explotaciòn. En este proceso un sindicado como el nuestro puede hacer mucho, agregando el proyecto autogestionario a la estrategia de defensa extrema de los intereses de los proletarios en los puestos de trabajo, y cuando no haya, en la sociedad. No escribimos ni decimos nada nuevo: el movimento obrero, en Italia a lo mismo que en otros paìses, tenìa tres ànimas: la de los grupos de resistencia, la mutualista y la de las cooperativas. Es menester recobrar esa tradiciòn de matriz libertaria y ponerla al dìa. Pero es necesario comenzar a hacerlo acelerando el paso y no sòlo hablando.
Por lo tanto, nos queda subrayar, de manera fuerte, que lo que siempre afirmamos pierde su significado si no se une a la defensa del territorio, de los bienes pùblicos y a la salvaguardia del Medioambiente. Un desarrollo revolucionario no puede omitir una recomposiciòn armònica de las relaciones con la Naturaleza y el Paisaje.
Secretarìa Nacional USI-AIT
Comitè Ejecutivo USI-AIT
Secretarìa Nacional Sindicado Arti e Mestieri USI-AIT
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